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Confusión

-Él es un buen hombre, cuidará de ti -Le dijo su madre-. Te dará hijos fuertes y sanos, permanecerá contigo siempre, hará que madures y seas lo suficiente culta para defenderte. Tú sólo deberás corresponderle como una buena esposa y compañera.

La mujer se refería a un galante y buen hombre que desde hacía tiempo había estado frecuentando a su hija. Ella no solía meterse en su relación, pero no podía más que ver a su hija más centrada en su vida, y extremadamente feliz, libre.

La hija dudó unos instantes, pensando en por qué su mente la hacía enamorarse de la persona menos indicada; en la confusión de su mente al reencontrarse nuevamente con su antiguo amor, y descubrir que aún guardaba sentimientos hacia él, sentimientos que quizá no tuvieran que ver con el amor, sino con el capricho y los rastros de su antigua obsesión, superada años atrás.

-Pero creo que le amo -Le contestó, no muy decidida, condenándose así a una desdichada existencia-. Simplemente no entiendo el por qué de este sentimiento. Es Irracional. Completa y extremadamente irracional.


-Es una decisión que únicamente puedes tomar tú, hija mía -Asintió su madre, comprensiva-. Busca las razones, las respuestas; están en tu interior.

Y así es. La vida da giros extremos. Las decisiones no se deben tomar a la ligera, sino pensarlas con devoción, para luego dar respuesta a todas las dudas, a todas las preguntas que se quieran deshechar en un principio.


En nuestro interior se encuentra toda la innata sabiduría del mundo.